Delphi ya está cerrada

 


La “lógica” del Sistema y el papel de la socialdemocracia españolista.

La llegada de los trabajadores de Delphi a Sevilla el pasado sábado, ha supuesto la escenificación del entierro de una empresa ya previamente sentenciada por la “lógica” del Sistema. Su sepulturero, una vez más, ha sido la “madura” y “responsable” socialdemocracia españolista. Nuevamente ha representado la misma obra que tantos aplausos y alabanzas le ha granjeado entre los beneficiarios y defensores de esta sociedad de “libre mercado”. Venían unos trabajadores indignados y angustiados a los gritos de “¡Delphi no se cierra!” y “¡si Delphi se cierra... guerra, guerra, guerra!”; y eran recibidos por unos líderes de los “sindicatos mayoritarios” que les aplicaban, nuevamente, la conocida máxima del buen toreo: “parar, templar y mandar”.

Tras días de agotadora marcha y meses de incansable lucha, durante horas los tuvieron esperando pacientemente al sol, magnifico calmante natural, mientras sus “representantes” negociaban su futuro y su destino. Después, como si de una procesión se tratare, todos marcharon tras ellos hasta un estrado colocado al efecto donde se les informó de lo acordado. Comenzó el Presidente del Comité de Empresa (CC.OO.) que les aseguró que “tendremos un empleo de calidad y de dignidad...” y, mientras los trabajadores continuaban gritando “¡Delphi no se cierra!”, afirmo que se había logrado “la salida que nosotros queremos... dinero, el máximo posible compañeras y compañeros”. Tras varias actuaciones secundarias intervinieron los protagonistas, los líderes andaluces de UGT y Comisiones Obreras. El primero sintetizo el proyecto declarando que este consistía en “una solución para cada uno, no hay otra salida, no hay otra alternativa; un empleo para cada uno, un empleo de calidad, un empleo digno, un empleo estable, una salida para cada uno...”. A continuación, el segundo remarco en su intervención que “la solución de Delphi pasa por un proyecto industrial integrado que garantice la riqueza que supone la industria y la generación de empleo de calidad y digno...”. Y los afectados seguían gritando: “¡delphi no se cierra!”. No eran conscientes, o no querían serlo, de que acababan de asistir a su entierro. El mensaje era claro: Delphi se va a cerrar, si lo permitís seréis recompensados con dinero y otros puestos de trabajo, si no, se cerrara igualmente y no obtendréis nada... “parar, templar y mandar”.

Solo algunas voces discrepaban, eran los “radicales” del SOC-SAT y del BAI que vociferaban “¡expropiación es la solución!”. Era digno de observar la cara de indignación de los sindicalistas “responsables” y la expresión de desconcierto de los trabajadores. Pero pronto la situación volvió a la “normalidad” y, a una orden de sus “dirigentes” sindicales, los trabajadores se disolvieron “pacíficamente”, dócilmente regresando a sus autobuses de vuelta a casa. Habían llegado erguidos. Eran una tormenta de rabia ruidosa que se desbordaba por la Avenida de La Palmera en dirección a la residencia presidencial. Y volvían mansamente, en silencio, cansados y cabizbajos, resignados a su suerte. Otro éxito de la “razonabilidad” y el “pragmatismo” de la socialdemocracia sindical y política españolista.

Y si alguna duda les quedaba a los trabajadores con respecto a las intenciones de la “clase” política y sindical profesional, el “certificado de defunción” de su empresa les fue entregado tres días después, el martes, en la reunión mantenida con el Presidente del Gobierno del Estado en el contexto del encuentro de la Confederación Europea de Sindicatos. Allí se les manifestó el fantástico plan previsto de indemnizaciones, prejubilaciones y posibles puestos de trabajo alternativos. Desde febrero hasta ahora en ningún momento se había barajado la posibilidad de impedir los planes de la multinacional norteamericana, solo de paliar sus efectos. Lo mismo de siempre... El patrón decide y los capataces obedecen. Pero, como son buenos, harán que se cumplan los designios del dueño de la manera menos dolorosa posible.

Se ha vuelto a representar la misma obra nuevamente, la misma que vienen interpretando con tanto éxito de crítica y público desde hace treinta años. Desde aquellos “pactos de la Moncloa” hasta la fecha. La del prestidigitador que embauca y confunde. La del fiel servidor que, cual flautista de hamelin, ayuda a hacer realidad los deseos de su amo el capital... “Parar, templar y mandar”. Primero se ha encabezado y monopolizado el conflicto (parar). Después se ha contenido (templar). Y, por último, se ha reconducido hacia objetivos acordes con la determinación de cerrar (mandar).

Basta con mirar atrás para comprobar los “éxitos” sindicales y políticos de la socialdemocracia españolista en los últimos treinta años en nuestra tierra. Victoria tras victoria, están llegando a lograr acabar con el tejido industrial de Andalucía. La bahía de Cádiz es un sangrante ejemplo de ello. Delphi no es más que el último caso de un proceso que se viene repitiendo hace décadas. Observad si no, lo que eran los astilleros y el sector naval en general en los años setenta y a lo que ha quedado reducido hoy. El sueño de una Andalucía prospera e industrializada se esfuma. Surgió al calor de la explotación y la falta de derechos de los sesenta. Nunca se pretendió que fuese una realidad consolidada. La “lógica” del sistema solo pretendía aprovecharse de las favorables condiciones que la represión fascista y el hambre de nuestros padres representaban. Ahora los hay más “competitivos”. Los hay que soportan una más amplia falta de libertad y una mayor necesidad de supervivencia práctica que nosotros. Y nuestra tierra volverá a ser el almacén trasero de España. Volverá a desempeñar el papel que le fue otorgado desde un principio; el de proporcionadora de materias primas, mano de obra barata y divisas procedentes del turismo.



Hay dos clases de socialdemócratas. Una es la de los oportunistas, los traidores a los suyos que “venden su alma al diablo” a cambio de beneficios personales. Esos son los menos peligrosos, los más fácilmente distinguibles y desenmascarables. Los otros son los que creen realmente en lo que hacen. Convencidos de su experiencia y madurez, de que han superado los maximalismos juveniles inútiles para pasar a defender soluciones “factibles” y “realistas”; o sea, aceptables para el sistema. Son los que piensan que el capitalismo ha triunfado plenamente y otro mundo no es realmente posible, aunque verbalmente manifiesten lo contrario, por aquello de contentar y mantener la “clientela”. Esos son más peligrosos. Son los “padre pitillo” de la sociedad actual. Representan el mismo papel que aquellos “curas buenos” del franquismo que intercedían ante el señor para que no fuese tan duro con sus subordinados. No pretendían erradicar ni tan siquiera transformar el orden social imperante, solo hacerlo más llevadero para los “humildes” mediante la conversión del amo cruel e insensible en papá bondadoso y caritativo que repartía algunas migajas de lo mucho que le sobraba. Son los izquierdistas de atrezo. Los que se ponen el uniforme obrero de vaquero y camisa a cuadros para dar el mitin y después se visten de traje de chaqueta para asistir al congreso de la CES.

Y el problema de Andalucía es doble. No solo está dirigida por obedientes siervos del Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, sino por fieles manijeros de los amos españoles. Nunca saldremos de nuestra situación mientras continuemos en sus manos, porque ellos no están para defendernos sino para controlarnos. Ellos son nuestros enemigos más inmediatos, los primeros a derrotar. Son los antidisturbios sociales del españolismo y el capitalismo. Se equivocan los que los ven como aliados. No son los nuestros, son los de ellos. No es casual que la voz disonante la representara, en la concentración ante el socialista y obrero palacio donde reside el Presidente Chaves, los miembros del BAI y del SOC-SAT. Tampoco es anecdótico que mientras estos exigían la expropiación de la empresa, UGT-CC.OO. y PSOE-IU se centraran en la elaboración de planes “alternativos” al cierre. En lugar de atrincherarse en un “¡no!” rotundo y decido a esa posibilidad, barajan distintas “salidas” a la misma ya que el objetivo no es obstaculizar los planes empresariales, sino aminorar sus efectos.

Los trabajadores de delphi no necesitan un puesto de trabajo o una empresa que se los proporcione. Ya lo tienen y la tienen; se llama Delphi. Y, Por tanto, la alternativa no es ni puede ser otra, desde el punto de vista de los intereses de Andalucía y su clase obrera, que impedir su cierre. Expropiar significa imposibilitar que la riqueza de los andaluces siga siendo esquilmada por la rapiña de la gran burguesía española y el capitalismo internacional. No hacerlo es facilitar el atraco y la huida de los ladrones. Y vendrán más delphis, y la actuación de los sindicatos “mayoritarios” y la izquierda “razonable” seguirá siendo la misma. Nada cambiará sustancialmente hasta que la clase trabajadora andaluza posea unos instrumentos sociopolíticos propios, a su servicio y no al de sus enemigos nacionales y sociales. En este sentido, la consolidación y el fortalecimiento de una alternativa sindical propia como el SAT o de otra política como el BAI es la única esperanza con que cuenta hoy por hoy nuestro pueblo. No es una posibilidad, sino una necesidad. Y en nuestra mano está el que se convierta en una realidad o quede reducido a un bonito sueño. Esa es nuestra responsabilidad histórica. Dejemos de mirarnos al ombligo. Bajemos de nuestras altas y confortables torres, siendo consecuentes con la tarea que nuestro pueblo demanda. Ya está bien de hablar de Andalucía, comencemos a construir Andalucía. Basta de teorizar acerca de la Revolución y comencemos a posibilitar la Revolución. Pongámonos de una vez a caminar. Transformemos el ronquido en rugido. Hagamos de la utopía el futuro posible, antes de que este presente imposible acabe con nosotros. Levantemos, al fin, la bandera de una Andalucía libre.






Francisco Campos Lope
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